El Nuevo Testamento utiliza tres palabras básicas que se refieren a diáconos: diakonos,que significa “siervo”; diakonia, que significa “servicio”; y diakoneo-, que significa “servir”. El uso original de este grupo de palabras puede haber sido específico, cuyo significado era atender mesas o servir comida a las personas. Pero se expandió más allá de esto, significando cualquier tipo de servicio. Todos los creyentes deberían caracterizarse por su servicio, siendo algunos especialmente dotados por el Espíritu de Dios para servir (Romanos 12:7). En 1ª Timoteo 3 está la única discusión específica del cargo de diácono (vv. 8–10, 12).
En términos de carácter y vida espiritual, los diáconos tienen las mismas cualificaciones que los ancianos. La única diferencia entre sus requisitos es que un anciano debe ser capaz de enseñar; pero el diácono no. Los ancianos supervisan el trabajo de aquellos que sirven al Señor; y son asistidos en su trabajo por los diáconos. Los cargos básicos de una iglesia no necesitan ser más sofisticados que eso. Las cualificaciones para los diáconos pueden estar divididas en dos categorías: carácter personal y carácter espiritual.
CARÁCTER PERSONAL
Los siguientes requisitos para servicio-liderazgo se aplican a ambos diáconos y diaconisas. (1ª Timoteo 3:11).
Debe ser un hombre digno. El término griego traducido “dignidad” significa “digno de respeto, señorial, circunspecto.” Denota una seriedad de opinión y carácter. Un diácono debe ser digno de respeto y cuidadoso, sin considerar los temas importantes a la ligera.
Debe ser de una sola palabra. Siempre debe ser consistente y justo en lo que diga. No debe decirle algo a alguien y otra cosa diferente a alguien más. Sabe cómo frenar su lengua y no es un chismoso malicioso.
No debe ser dado a mucho vino. Debe caracterizarse por una mente clara y tener auto control.
No debe querer enriquecerse. Sus objetivos en la vida no deben ser monetarios. Primera de Timoteo 6:9 dice que un dominante deseo por el beneficio financiero corrompe al hombre.
CARÁCTER ESPIRITUAL
Debe tener una doctrina sólida. Primera de Timoteo 3:9 dice que debe guardar “el misterio de la fe con limpia conciencia.” “La fe” se refiere a toda la verdad cristiana. El carácter espiritual del diácono comienza con su afirmación de la doctrina del Nuevo Testamento. Una “conciencia limpia” es el resultado de obedecer la Verdad. Él debe mantener la fe y aplicar la Verdad en su vida.
Debe estar activo en el servicio espiritual. El versículo 10 dice: “Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado”. El verbo “ser sometido a prueba” expresa una prueba constante, no un período determinado de prueba. La prueba es una evaluación general constante de su servicio a Cristo que es realizada por la iglesia. Antes de ser afirmado como diácono, él probar su fidelidad en el servicio al Señor.
Debe ser moralmente puro. Su vida debe ser “irreprensible” (v.10). Tal como un anciano, un diácono debe ser moralmente puro, teniendo un carácter irreprensible. El versículo 12 repite el estándar de pureza moral ya que dice: “Los diáconos sean maridos de una sola mujer.” Un diácono debe ser totalmente consagrado y dedicado a su esposa.
Debe liderar a una familia piadosa. El versículo 12 también dice que él debe ser un buen gobernador de sus hijos y su hogar. La manera en la que un hombre maneja sus hijos y su hogar es el terreno de comprobación del liderazgo; y el modo en el que el hombre cuida de sus hijos y su hogar es un excelente indicador de su habilidad para cuidar de la iglesia de Dios.
A pesar de que las personas con cargos de ancianos y diáconos deben cumplir con requisitos personales y espirituales específicos, eso no significa que este estándar es inferior para cualquier otra persona en la congregación. Estas cualificaciones deberían ser un objetivo y una guía para cada creyente. Todos deberían buscarlas en la vida—ya sea un creyente con un cargo o simplemente un siervo en el Cuerpo de Cristo.